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miércoles, 12 de octubre de 2011

El encuentro de dos mundos y la literatura

Hombres religiosos y de la milicia escriben relatos que conforman textos oficiales y documentos históricos que hoy leemos como literarios: las Crónicas de Indias, fundadoras de lo que será la literatura latinoamericana.
El proceso de la Conquista llevó a una “democratización de las crónicas” (Iglesia, 1998) y a una polémica en con la historiografía erudita. Escriben quienes conquistan, evangelizan, testigos y actores de esas empresas: esa experiencia (y actuación) directa en el lugar de los hechos garantiza la verdad de lo narrado. Se diferencian por ello de lo eruditos, cronistas de oficio, que escriben de acuerdo a un modelo (histórico y retórico), alejados del lugar de la acción, basados en una experiencia de segunda mano (como es el caso de López de Gómara, frente a las crónicas de Cortés, Bernal Díaz, Las Casas, por ejemplo).
Si bien estos últimos escriben desde el lugar de los hechos, la disputa se da también al interior de este grupo y al interior de los textos. Las crónicas de los protagonistas de la historia que hoy leemos como textos literarios, tenían una función clara: informar a la Corona española los servicios realizado para garantizar la paga (Cortés), o bien reclamar por la inclusión en la historia y ganancias de la conquista a los soldados rasos (y no solo a los “héores” de la historia erudita), enmendar los “borrones” de otros cronistas, denunciar aberraciones en el Nuevo Mundo. Entre estos cronistas encontramos a Bernal Díaz y a Bartolomé de las Casas, si bien es el religioso el único que cuestiona la legitimidad de la conquista. 

jueves, 5 de mayo de 2011

Recordando a Martí en ocasión del Día del Trabajador

“Desde el seguro de una roca empina un capitalista su magnífica cometa, que lleva escrita las palabras <carne>, <harina> (…) y con su gran cola se remonta a gran vuelo por el aire (…) y por mas que el trabajador tira, los salarios no llegan al precio de la harina y de la carne” (pag. 85).
Así se refiere Martí en “La procesión moderna” (una de las crónicas que escribió mientras vivía en Estados Unidos) a las contradicciones que trae la modernidad: la pobreza, la explotación, y el reemplazo de la máquina por el hombre (“en un carro van haciendo cajones a mano, y enseñando a la multitud otros hechos a máquina, para que vean que los de mano son mejores”, pag. 83), y con ello, la consecuencia de la desocupación (y así otra vez, la pobreza). En cuanto a los abusos sobre niños y mayores, Martí se expresa con ironía y mediante la retórica del patetismo: “¡Nada mas que nueve horas de trabajo para el abuelo y para Nellie! Porque aquí los niños trabajan: y ¡oh infamia sin nombre! Catorce horas a veces” (pag 83).
Martí, a diferencia de otros escritores que abordan el problema de las masas (como Rodó y Vasconcelos), se pone del lado de la muchedumbre, ya que reconoce que cualquier emprendimiento humano está basado en el trabajo de los “héroes humildes, que cual los hindúes a las plantas del elefante blanco, se acuestan en la tierra para que la humanidad pase” (pag. 78). Los trabajadores son así considerados como el “pabellón que guía a la redención humana” (pag. 79).

Martí, José. “La procesión moderna”. En Obras completas (1975), La Habana, Editorial de Ciencias Sociales.